El cajón de «por si acaso»

Cajón de por si acaso ordenado con separadores y espacio libre

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Casi todas las casas tienen uno.

Puede estar en la cocina, en el salón, en el recibidor o incluso ocupar varios cajones. Dentro encontramos una pila que no sabemos si funciona, una llave que nadie recuerda qué abre, dos tornillos, un cable misterioso, unas gafas antiguas, instrucciones de un aparato que quizá ya no tenemos y ese objeto que conservamos porque algún día podría hacernos falta.

Es el cajón de «por si acaso».

El problema no es guardar algunas cosas que pueden resultar útiles. El problema empieza cuando «por si acaso» se convierte en una categoría capaz de justificar que guardemos absolutamente cualquier cosa.

¿Por qué nos cuesta tanto tirar algunas cosas?

No todos los objetos tienen un destino evidente.

Sabemos dónde guardar un tenedor o una camiseta. Pero ¿dónde guardamos una pieza que venía de repuesto con un mueble? ¿Una llave Allen? ¿El cable de un aparato que utilizamos muy poco?

Cuando no encontramos una categoría clara, aparece el cajón comodín.

Y funciona.

Al menos durante un tiempo.

Nos permite retirar rápidamente algo de una superficie sin tomar ninguna decisión. Abrimos, dejamos el objeto y cerramos.

El problema se aplaza.

«Esto puede servir»

Es probablemente la frase que más alimenta estos cajones.

Y a veces es cierta.

Un tornillo de repuesto puede resultar útil. También una pieza específica de un mueble o un adaptador que utilizamos ocasionalmente.

La pregunta no debería ser únicamente «¿podría necesitarlo?», porque prácticamente cualquier objeto podría ser necesario algún día.

Una pregunta más útil sería:

«Si lo necesitara dentro de seis meses, ¿sabría qué es y recordaría que lo tengo?»

Si la respuesta es no, conservarlo quizá no esté solucionando ningún problema.

Vaciar antes de organizar

Comprar separadores para un cajón lleno de objetos que no necesitamos solo consigue un cajón de objetos innecesarios mejor ordenado.

Por eso, antes de introducir organizadores, merece la pena sacar todo.

No hace falta empezar tomando decisiones definitivas. Podemos crear cuatro grupos sencillos.

Se queda

Objetos útiles, identificados y que tiene sentido conservar.

Tiene otro sitio

Cosas que utilizamos, pero que terminaron aquí porque resultaba más rápido que guardarlas correctamente.

Hay que comprobarlo

Pilas, cables, piezas o pequeños objetos cuya utilidad todavía podemos verificar.

Se va

Objetos rotos, duplicados innecesarios o cosas que ya sabemos que no utilizaremos, gestionando correctamente su reciclaje o eliminación cuando corresponda.

Esta primera clasificación suele revelar algo curioso: muchas veces el problema no era el tamaño del cajón, sino todo lo que habíamos metido dentro sin decidir nada.

El misterio de los cables

Cables y cargadores útiles agrupados en compartimentos de un cajón

Los cables merecen capítulo propio.

Guardamos cargadores de teléfonos que ya no tenemos, cables USB de distintos tipos, adaptadores y conexiones cuyo origen hemos olvidado.

Antes de eliminar un cable desconocido, conviene comprobar que no pertenece a algún dispositivo que todavía utilizamos.

Una vez identificados, podemos agruparlos y, cuando sea útil, etiquetarlos.

«Cámara», «altavoz», «disco externo» resulta bastante más informativo que una maraña de cables negros.

TIP

Si un cable pertenece exclusivamente a un aparato, plantéate guardarlo junto al propio aparato. Así no tendremos que recordar dos ubicaciones diferentes.

Tornillos, llaves y piezas que sobran

Pilas, llaves y pequeñas piezas domésticas organizadas en un cajón

Montamos un mueble y quedan dos tornillos, una pequeña pieza y una llave Allen.

Guardarlos puede tener sentido, especialmente si son repuestos específicos.

Pero conviene identificarlos.

Una pequeña bolsa o recipiente con una nota como «Estantería salón» convierte tres piezas anónimas en repuestos reconocibles.

Sin esa información, dentro de dos años probablemente solo veremos tres objetos metálicos cuyo origen desconocemos.

Agrupar lo pequeño

Los objetos pequeños son los que más fácilmente convierten un cajón en un caos.

Cajas pequeñas, bandejas o separadores pueden crear categorías básicas:

• Pilas.

• Pequeñas herramientas.

• Repuestos identificados.

• Adhesivos y cintas.

• Cables y adaptadores de uso ocasional.

No necesitamos veinte compartimentos. Necesitamos que las categorías tengan sentido para nuestra casa.

¿Y los manuales de instrucciones?

Durante años hemos guardado carpetas enteras de manuales.

Hoy muchos fabricantes ofrecen documentación digital, aunque no siempre conviene asumir que estará disponible para siempre.

Podemos revisar qué documentación merece realmente conservarse: garantías vigentes, información específica, referencias de modelo o instrucciones que utilizamos.

Y, sobre todo, comprobar si todavía tenemos el producto correspondiente.

Guardar durante diez años el manual de una tostadora que tiramos hace cinco es uno de esos pequeños absurdos domésticos que pasan inadvertidos.

Dale un límite al «por si acaso»

No hace falta eliminar el cajón.

De hecho, tener un pequeño espacio para objetos difíciles de clasificar puede ser práctico.

La diferencia está en ponerle un límite físico.

Un cajón. Una caja. Una bandeja.

Cuando se llena, no añadimos otra caja automáticamente. Revisamos.

Ese límite nos obliga a decidir qué merece continuar ocupando espacio.

Consejo

No intentes encontrar una categoría perfecta para cada pequeño objeto de la casa. Un sistema demasiado complicado también termina abandonándose.

Que el cajón vuelva a abrirse

El objetivo no es conseguir un cajón digno de una fotografía.

Es poder abrirlo sin que algo se enganche, localizar una pila cuando la necesitamos y saber para qué sirve ese adaptador que decidimos conservar.

Al terminar, seguramente seguirá habiendo objetos muy diferentes juntos.

No pasa nada.

La diferencia es que ahora sabemos qué son.

Y la próxima vez que tengamos en la mano una pieza extraña pensando «la voy a guardar por si acaso», quizá nos hagamos antes una segunda pregunta:

¿Por si acaso… qué?