Tu nevera tiene zonas (y probablemente las estás usando mal)

interior realista de una nevera doméstica con alimentos habituales

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Abrimos la nevera, encontramos un hueco y dejamos allí lo que llevamos en la mano. El yogur donde cabe, la bandeja de carne en la balda que ha quedado libre, las sobras de la cena detrás de una botella y ese medio limón en un rincón hasta que, unos días después, ya nadie recuerda que existía.

Parece lógico pensar que organizar una nevera consiste simplemente en conseguir que todo quepa. Pero hay bastante más detrás.

Dentro de un frigorífico no todos los espacios tienen exactamente las mismas condiciones y, sobre todo, no todos los alimentos presentan las mismas necesidades. A eso hay que sumar otro problema mucho más cotidiano: lo que no vemos termina olvidándose.

Una nevera bien organizada debería conseguir tres cosas al mismo tiempo: conservar los alimentos correctamente, reducir el riesgo de contaminación entre ellos y permitirnos saber qué tenemos sin jugar una partida de Tetris cada vez que queremos sacar un yogur.

nevera dividida por zonas con las indicaciones superior-centro-inferior-cajones-puerta

Antes de ordenar: conoce tu propia nevera

Hay una idea que conviene aclarar antes de empezar: no todas las neveras enfrían exactamente igual.

La distribución del frío depende del diseño y la tecnología del aparato. Por eso, aunque existen recomendaciones generales sobre cómo colocar los alimentos, el manual del fabricante debe tener la última palabra cuando indique zonas o compartimentos específicos.

Lo que sí podemos establecer como punto de partida es que el frigorífico debe mantener una temperatura adecuada de refrigeración y que los alimentos crudos deben permanecer separados de los cocinados y de aquellos que vamos a consumir directamente.

Una buena referencia doméstica es mantener el frigorífico entre 0 y 5 °C.

TIP

Si nunca has comprobado la temperatura real de tu nevera, no des por hecho que el número de la rueda o del panel equivale exactamente a los grados del interior. Consulta el manual de tu modelo y, si tienes dudas, utiliza un termómetro específico para frigorífico.

Entonces, ¿qué ponemos en cada sitio?

En lugar de memorizar una fotografía perfecta de Internet, resulta más útil entender la lógica.

Las baldas superiores: comida preparada y lista para consumir

Las zonas superiores son un buen lugar para los alimentos cocinados y aquellos que ya están listos para comer: sobras correctamente guardadas, alimentos preparados o recipientes con comida que vamos a consumir posteriormente.

La ventaja no es solamente organizativa. Mantener estos alimentos por encima de carnes y pescados crudos ayuda a evitar que posibles líquidos procedentes de estos últimos puedan caer sobre comida que ya no volveremos a cocinar.

Un recipiente de lentejas de ayer, por ejemplo, no debería terminar debajo de una bandeja de pollo crudo simplemente porque allí quedaba un hueco.

separación entre alimentos cocinados y crudos correctamente contenidos

La zona central: los habituales de cada día

Lácteos y otros productos refrigerados de consumo frecuente pueden ocupar las baldas centrales, siempre atendiendo a las instrucciones de conservación del fabricante.

Aquí merece la pena introducir un criterio que muchas veces olvidamos: la frecuencia de uso.

Si todas las mañanas tomas un determinado producto, no tiene demasiado sentido esconderlo detrás de seis cosas que utilizas una vez a la semana.

Organizar también significa reducir movimientos inútiles.

Las baldas inferiores: especial atención a carnes y pescados crudos

Carnes, pescados y otros alimentos crudos perecederos deben mantenerse bien protegidos y separados de los alimentos listos para consumir.

Situarlos en la parte inferior reduce además el riesgo de que un líquido accidental termine sobre los alimentos almacenados debajo.

No dejes una bandeja abierta ni confíes exclusivamente en un envoltorio deteriorado. Utilizar un recipiente adecuado puede evitar más de un disgusto y, de paso, facilita muchísimo la limpieza si se produce un derrame.

Consejo

Reserva, si el espacio te lo permite, una zona reconocible para los alimentos crudos. No hace falta llenar la nevera de carteles: basta con que todos en casa sepan cuál es.

Los cajones: frutas y hortalizas

Los cajones inferiores están pensados habitualmente para frutas y hortalizas, aunque nuevamente conviene consultar las características de nuestro frigorífico.

No necesitamos convertir el cajón en una exposición de supermercado. Necesitamos ver lo que contiene.

Si cada vez que compras colocas las verduras nuevas encima de las antiguas, es muy fácil descubrir una zanahoria de otra era en el fondo del cajón.

Agrupar con cierto criterio y revisar lo que queda antes de introducir la compra nueva resulta mucho más útil que perseguir una fotografía perfectamente ordenada.

La puerta: cómoda, sí; pero no para todo

La puerta es uno de los lugares más accesibles y también uno de los más expuestos a variaciones cada vez que abrimos el frigorífico.

Puede resultar práctica para bebidas, salsas y determinados productos para los que el fabricante contemple esta ubicación.

Y aquí aparece uno de los clásicos: los huevos.

Muchas neveras incorporan una huevera en la puerta, mientras que las recomendaciones de conservación del propio alimento pueden aconsejar mantenerlos a temperatura estable. Ante estas aparentes contradicciones, lo sensato es seguir las indicaciones del envase y del fabricante del frigorífico, evitando cambios innecesarios de temperatura.

Una tabla para verlo de un vistazo

Desliza horizontalmente para ver toda la tabla →

ZonaQué podemos colocarQué buscamos
Baldas superioresComida cocinada, sobras protegidas y alimentos listos para consumirSepararlos de los alimentos crudos
Zona centralLácteos y otros refrigerados habitualesAccesibilidad y buena conservación
Zona inferiorCarnes, pescados y alimentos crudos perecederos bien protegidosEvitar contaminación y posibles goteos sobre otros alimentos
CajonesFrutas y hortalizasConservación, separación y visibilidad
PuertaBebidas, salsas y productos adecuados para esa zonaAprovechar un espacio accesible para productos compatibles

Nota:

Esta distribución es orientativa. Deben respetarse siempre las instrucciones del alimento y las indicaciones específicas del fabricante del frigorífico.

El enemigo silencioso: una nevera demasiado llena

Una nevera llena puede transmitir una agradable sensación de abundancia, pero abarrotarla no significa aprovecharla mejor.
El aire frío necesita circular. Si apilamos recipientes, paquetes y bolsas hasta ocupar cualquier centímetro disponible, dificultamos esa circulación y además aparece otro problema: dejamos de ver lo que tenemos.
Ahí comienza el desperdicio.
Compramos otro queso porque no vimos el que estaba detrás. Abrimos un nuevo bote porque el anterior desapareció entre otros envases. Y encontramos unas sobras cuando ya no sabemos con seguridad de qué día eran.
Dejar cierto espacio libre también es organizar.

Lo que caduca antes, delante

Este pequeño hábito puede cambiar bastante el funcionamiento de la nevera.
Cuando vuelvas de comprar, no coloques automáticamente lo nuevo delante de lo que ya tenías.
Comprueba las fechas.
Si tienes dos yogures que debes consumir antes y acabas de comprar ocho nuevos, los antiguos deberían quedar en primera línea.
Lo mismo ocurre con un paquete abierto de embutido, una salsa empezada o determinados alimentos preparados.
No necesitamos un complejo sistema de inventario. Muchas veces basta con ver primero lo que debemos consumir primero.

TIP

Puedes reservar una pequeña zona o recipiente para «consumir primero». Funciona especialmente bien con envases abiertos, porciones pequeñas y alimentos próximos a su fecha de consumo.

Aquí no desarrollaremos el sistema FIFO en profundidad porque tendrá su propia entrada el 19 de octubre, aplicado especialmente a la despensa.

Organizar no significa comprar veinte recipientes

Este punto es importante.
Antes de llenar la nevera de organizadores transparentes porque quedan estupendos en una fotografía, debemos preguntarnos qué problema queremos solucionar.
Un recipiente puede ser fantástico para agrupar pequeños yogures, evitar derrames o reunir productos de una misma categoría. Un botellero puede solucionar un problema real cuando las botellas ruedan o nos roban media balda.
Pero un organizador que obliga a sacar una caja para después sacar otra caja y finalmente coger el alimento puede estar añadiendo pasos en lugar de eliminarlos.

Tres preguntas antes de comprar un organizador

¿Qué quiero solucionar?

No compres «para organizar». Define primero el problema: botellas que ruedan, pequeños envases dispersos, falta de altura útil, derrames…

¿Cabe de verdad?

Mide ancho, fondo y especialmente altura. Comprueba también que puedas extraer el organizador con la puerta abierta y que no choque con otras baldas.

¿Me ahorra movimientos?

Si para coger un alimento cotidiano tienes que retirar tres recipientes, probablemente has creado un sistema más bonito que práctico.

Un ejemplo: llegamos con la compra

Imaginemos una compra bastante normal: yogures, leche, verduras, pollo, queso y una botella de zumo.
Antes de introducir nada, miramos lo que queda.
Hay dos yogures antiguos: pasan delante. El queso que ya estaba abierto queda accesible antes que el nuevo. Las verduras se revisan antes de añadir las recién compradas. El pollo se almacena protegido en la zona destinada a alimentos crudos y nunca encima de la comida cocinada.
Parece una diferencia mínima.Pero repetida cada semana evita que la organización de la nevera dependa de una gran limpieza mensual. La mantenemos mientras la usamos.

Cinco errores que podemos corregir hoy

1

Guardar donde aparece un hueco.

El espacio libre no siempre es el lugar adecuado para ese alimento.

2

Poner lo recién comprado delante.

Terminamos consumiendo primero lo nuevo y olvidando lo antiguo.

3

Dejar alimentos crudos sobre comida preparada.

Conviene mantenerlos separados y correctamente protegidos.

4

Llenar todas las baldas hasta el límite.

Dificulta la circulación del aire y hace mucho más difícil saber qué tenemos.

5

Comprar organizadores antes de medir.

Una caja que desperdicia cinco centímetros de fondo multiplicados por toda una balda puede terminar quitándonos espacio en vez de proporcionarlo.

La mejor nevera organizada no es la más bonita

Una nevera doméstica no tiene que parecer un expositor.
Habrá un táper que no combine con los demás, una botella demasiado alta, medio pimiento esperando a la cena y un paquete que rompe cualquier intento de simetría.
No pasa nada.
Una nevera bien organizada es aquella en la que encontramos lo que buscamos, sabemos aproximadamente qué tenemos, utilizamos los alimentos antes de que se olviden y almacenamos cada cosa de manera segura.
La estética puede acompañar. El funcionamiento debe ir primero.

Quizá no necesites reorganizar toda la nevera.

Puede que solo necesites cambiar cinco cosas de sitio.
Y si después detectas un problema concreto —botellas que ruedan, pequeños envases desperdigados o recipientes que no aprovechan bien la balda— entonces sí tiene sentido buscar organizadores de nevera, recipientes, separadores o botelleros que solucionen exactamente ese problema.
Porque organizar mejor no consiste en meter más cosas dentro.